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La titular de la Secretaría de Bienestar, Tequio e Inclusión (Sebienti), Vilma Martínez Cortés, realiza sus giras a las zonas más pobres del estado a bordo de una camioneta GMC Yukon de alta gama valuada en más de dos millones de pesos, en abierta contradicción con los principios de austeridad republicana que abanderó la Cuarta Transformación.

Lo mismo contradice a su jefe político, el gobernador Salomón Jara Cruz, a quien le genera un golpeteo político y mediático innecesario en un momento en que el mandatario oaxaqueño está relanzando su ejercicio de gobierno y ha declarado públicamente que no tolerará ningún tipo de irregularidades en su administración.

La funcionaria defendió el uso del vehículo el pasado lunes 9 de marzo, durante la conferencia de prensa del gobernador, pero evitó revelar el nombre de la empresa que se lo arrienda.
“Nuestra camioneta pues ha estado en servicio en ese momento y ese tema fue rentado… para que ustedes estén tranquilos, es una camioneta en su momento fue rentada por una semana para poder trasladar y poder concluir nuestra agenda en la región”, declaró Martínez Cortés ante los medios de comunicación.

Al ser cuestionada sobre la identidad del arrendador, la secretaria eludió la pregunta argumentando que no quería “pasar el comercial”.

La polémica cobra mayor relevancia porque Vilma Martínez Cortés posee en propiedad personal una camioneta de características similares de color gris LX lo que abre la pregunta de por qué la dependencia incurrió en el gasto de arrendar una unidad equivalente con recursos públicos.

En otras palabras: la secretaria del bienestar ajeno tiene en casa una machuchona propia, pero prefirió que el erario pagara otra igual para sus giras.

La unidad utilizada es del tipo que el expresidente Andrés Manuel López Obrador calificaba despectivamente de “machuchonas” y que consideraba símbolo del derroche y la corrupción del viejo régimen.

De acuerdo con precios de agencia, las distintas versiones de la Yukon oscilan entre 1.8 y 2.1 millones de pesos —una cifra que, en contraste, equivale a varias veces el presupuesto anual de los programas sociales que la secretaria dice llevar a las comunidades más olvidadas del estado.

Mientras la Sebienti opera programas dirigidos a municipios donde la gente carece de agua potable, drenaje y en muchos casos hasta de caminos pavimentados, su titular llega a esas comunidades envuelta en dos millones de pesos de acero, cuero y pantallas táctiles, para explicarles, con toda la solemnidad del caso, cómo mejorar su bienestar.

La conducta de la funcionaria contrasta además con el mensaje que el propio gobernador Jara Cruz lanzó ese mismo día desde su conferencia, cuando recordó a su equipo de trabajo que la instrucción es clara: menos ostentación y más resultados.

Contrarió al mensaje de relanzamiento de la administración local con austeridad y congruencia que busca establecer el gobernador de Oaxaca, la funcionaria se presenta en localidades de alta marginación con una camioneta de lujo.

Presuntas irregularidades en la contratación

La adquisición del vehículo forma parte de un esquema de arrendamiento vehicular que presenta presuntas irregularidades de fondo.

Presuntamente, el contrato fue formalizado en diciembre de 2025 mediante adjudicación directa, a pesar de que el arrendamiento cubría un periodo de varios meses previos, lo que derivó en un incremento atípico en el monto contratado.

La concentración del gasto en el último mes del ejercicio fiscal generó una inconsistencia difícil de justificar operativamente y abre la presunción de que la contratación pudo haber sido utilizada para encubrir otro concepto de gasto, aunque las fuentes consultadas advirtieron que hasta el momento no existen elementos de prueba suficientes para afirmarlo de manera concluyente.

El uso de un vehículo de esas características podría ser incompatible con la Ley de Austeridad vigente, que prohíbe la adquisición o arrendamiento de unidades de lujo con recursos públicos. Detalle menor, quizás, para quien ya tiene una en casa.

Las presuntas irregularidades en el uso de recursos no se limitan al parque vehicular.

Asimismo, presuntamente existe una serie de observaciones en la operación de los programas de la dependencia: presuntos pagos indebidos en la Tarjeta Margarita Maza que habrían obligado a solicitar el reintegro de recursos a beneficiarias; montos depositados en tarjetas que presuntamente nunca fueron entregadas a sus destinatarias y que permanecerían en cuentas bancarias sin ser reintegrados a la Tesorería estatal; y la presunta inclusión de familiares de funcionarios como beneficiarios del programa Mi Primera Chamba, con posible anuencia de la titular de la dependencia.

De esto no le reportaría al gobernador.

A ello se suma que las reglas de operación de los programas sociales de la secretaría, presuntamente no han sido publicadas, pese a encontrarse ya en el tercer mes del ejercicio fiscal 2026, lo que genera un descontrol normativo en la administración de los recursos.

De la misma forma, trabajadores acusan que el programa Caravanas presuntamente duplica funciones ya cubiertas por la Secretaría de Salud, y que en el programa Tequios se contrataría de manera reiterada al mismo proveedor, que presuntamente no acredita la capacidad financiera, humana y material requerida para los contratos que le han sido asignados.

La afición de Vilma Martínez Cortés por los vehículos de alta gama no es nueva ni surgió con su llegada a la Sebienti.

La funcionaria fue presidenta municipal de Santo Domingo Tehuantepec en dos periodos, y desde entonces se le conoce el gusto y la solvencia para adquirir y circular en camionetas de lujo.

Podría tener capacidad económica para comprar un vehículo costoso no constituye en sí mismo una irregularidad. El problema no sería jurídico, sino político y simbólico.

Lo que sí resulta difícil de conciliar es la imagen de una secretaria de Bienestar que puede comprarse una machuchona, que tiene una en casa y que, además, le carga al erario el costo de rentar otra para sus giras oficiales, todo mientras porta el estandarte de un movimiento político que convirtió la austeridad republicana en su principal bandera moral.

Esa contradicción la construyeron el expresidente Andrés Manuel López Obrador y la actual presidenta Claudia Sheinbaum Pardo cada vez que señalaron con el dedo a quienes viajan en “machuchonas” como representantes de lo que la Cuarta Transformación prometió erradicar.