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Citlalli López Velázquez
“No quiero ser rehén de mi propio miedo”, expresa el periodista Pedro Matías, quien, tras el asesinato de Alejandro Leyva, autor de la videocolumna el Zumbido del Moscardón, ha sido víctima de amenazas en donde le advierten que el próximo será él.
En junio del año pasado Pedro Matías, periodista oaxaqueño fue víctima de una agresión. Una bomba molotov como amenaza trastocó su tranquilidad. Aquella no era la primera vez que su vida se ponía en riesgo. Su postura crítica y reveladora en contra de las corruptelas de los gobiernos en turno en Oaxaca, lo establecen como una persona incómoda para el poder.
“Quise manejarme de bajo perfil porque el asesinato de Alejandro Leyva es el que nos debe de mover, de mantenernos en una exigencia de justicia y esclarecimiento”, subraya inmerso en un contexto de peligro para quienes ejercen periodismo en el país. Tan sólo en 2026 suman siete periodistas asesinados.
“Yo no soy muy dado a engancharme con los mensajes en redes sociales, sin embargo, Balvina Flores de Reporteros Sin Fronteras me aconsejó no minimizarlo”, indicó.
Actualmente hay una denuncia formal ante la Fiscalía General del Estado de Oaxaca quien activó un protocolo de vigilancia y protección. A la par de la acción legal, una serie de organismos no gubernamentales nacionales e internacionales han alertado del riesgo, activado protocolos de acompañamiento y denuncia para que se garantice la seguridad del corresponsal de Proceso.
Para Pedro Matías, quien a través de su videocolumna “¿Qué pasa Pedro?”, ha establecido una postura crítica contra el gobierno en turno no hay mucha confianza en que las instituciones puedan garantizar seguridad y justicia. Su desánimo tiene sustento en anteriores agresiones que prevalecen en la impunidad.
“Presenté mi denuncia, pero sé que no va a pasar nada, es simplemente sentar el precedente. El asunto está en la cancha de las autoridades, si ellos archivan el caso o hacen caso omiso será como darse un balazo en el pie”.
En medio de un clima enrarecido y de indignación por el asesinato de Alejandro Leyva, la fe es el último resquicio de calma para el periodista.
“Me siendo muy contrariado y a la vez agradecido con todas las voces que se han preocupado por mí. El apoyo ha sido invaluable. Eso es lo que más me nutre y me hace mantener esta postura de informar hasta que Dios quiera y no hasta que a alguien se le antoje privarme de la vida. Yo soy una persona de mucha fe”, destaca.
Su fe ha sido construida de momentos complicados, de episodios que pudieron haber acabado con su vida como ocurrió durante el gobierno del priísta Ulises Ruiz Ortiz en 2008 cuando fue secuestrado y torturado psicológicamente por más de 12 horas.
“Yo sí tengo clara mi misión en la vida. Y creo que hasta el momento mi misión no ha terminado por eso aquí seguimos. No tengo miedo y no quiero convertirme en rehén de mi propio miedo. Se que Dios esta conmigo y hasta que él diga ahí voy a llegar”
Para el periodista oaxaqueño el enrarecimiento del clima político de Oaxaca, las próximas elecciones locales e intereses de agentes gubernamentales y también externos podrían exacerbar los riesgos para quienes ejercen el periodismo.
“Creo que el gobierno actual ha cometido muchas torpezas. Él ha sido el principal responsable de la situación que se vive en el estado.






