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La tensión que explotó este miércoles en Oaxaca, dejó algo más grave que bloqueos y enfrentamientos: evidenció el profundo cansancio social que comienza a crecer contra las protestas que paralizan carreteras, ciudades y actividades económicas en el estado.
Lo que durante años fue visto por muchos como una lucha social legítima, hoy empieza a generar molestia, enojo y confrontación entre la propia ciudadanía. Las imágenes de personas encarando a manifestantes, exigiendo liberar carreteras y reclamando las afectaciones, reflejan un escenario que hace apenas algunos años parecía impensable en Oaxaca.
El debate ya no solamente es político. Para miles de familias, los bloqueos representan pérdidas económicas, descuentos salariales, mercancías detenidas y jornadas laborales perdidas. En un estado donde gran parte de la población vive del ingreso diario, quedarse varado por horas significa no llevar dinero a casa.
Aunque el derecho a la protesta está garantizado constitucionalmente, cada vez más ciudadanos cuestionan si ese derecho puede ejercerse afectando completamente la movilidad y la vida de terceros. Y es justamente ahí donde crece el choque social: mientras unos defienden las movilizaciones como mecanismo de presión, otros consideran que las protestas han cruzado el límite del derecho y se han convertido en una forma de afectar a la población.
Las confrontaciones registradas este miércoles muestran un Oaxaca dividido, polarizado y cada vez más intolerante ante la crisis permanente de bloqueos. El respaldo social que históricamente tuvo el movimiento magisterial comienza a desgastarse frente al hartazgo ciudadano acumulado durante años.
Hoy la pregunta que muchos se hacen en las calles es contundente: ¿hasta cuándo los ciudadanos tendrá que pagar las consecuencias de conflictos políticos y sindicales?
Porque mientras unos protestan, otros no pueden trabajar, no pueden vender, no pueden trasladarse y no pueden vivir con normalidad. Y el riesgo más grave es que el enojo social siga creciendo hasta provocar escenarios todavía más violentos.






